Fotoguiarios Logo Small

Amigos

  • Charlas, truchas, alumnos y maestros y hay que revisar la maquetación

    Charlas, truchas, alumnos y maestros

    El primer día que entré en una fragua, no sabía hasta qué punto me iba a enganchar al hierro. Cuando accedí como alumno en la escuela taller de Guadalajara, no fue algo vocacional, sencillamente buscaba un trabajo, en forja quedó una plaza, y allí fui, no hubo elección, simplemente hueco. Mis primeros días los pasé pegando martillazos a una pieza de plomo, hasta que de allí saliera un cortafríos sin mella alguna. Era complicado, un metal tan blando, que prácticamente se marca de un puñetazo, estampaba sobre su superficie el más mínimo error que cometía, así durante varios días, forjaba, presentaba, fundía, vertía en la lingotera y, volvía a forjar, hasta que al final, de tanto repetir el ejercicio, el cortafríos se manifestó.

  • Fin de la cita

    fin de la cita

    Todo fluye, nada permanece, y más aun cuando eres pescador de mosca. Desde ese primer año en que mis padres me compraron un vadeador de goma que a los meses ya me quedaba dos números pequeño, la pesca con mosca ha sido un cambio constante, ha ido modificando mi personalidad dentro y fuera del río.

  • Por mi y por todos mis compañeros

    Por mi y por todos mis compañeros

    Cuando era pequeño, la noche caía, y ya estábamos de vacaciones, jugábamos al escondite apoyados contra una columna del edificio en el que vivía. Aquel poste, también era el pilar en el que se sujetaban todos nuestros sueños infantiles que no eran mucho más importantes que poder acostarnos más tarde en aquellas calurosas noches de verano, o que nos dejaran bajar solos al río a pescar y bañarnos. Había una fórmula mágica en aquel juego “por mí y por todos mis compañeros”. Con aquella letanía, liberabas del castigo a tus amigos, y les dabas una nueva vida.

  • Por qué pesco con mosca

    Por qué pesco con mosca

    Uno nunca sabe cuáles son las preguntas más importantes en su vida, y mucho menos las respuestas. Por eso, cuando Juan Antonio me preguntó por qué pescaba con mosca, no le supe contestar.

    Ya en casa y con más tiempo, me puse a pensar sobre esa cuestión. ¿Qué hace que gran parte del tiempo que estoy despierto la pase pensando en ríos, truchas y moscas, recordando lances, haciendo un recorrido mental por cada uno de los rincones del río, ésos en los que un no pescador simplemente vería agua y en los que nosotros, los pescadores de mosca, descubrimos palos, piedras, ramas, corrientes y, en última instancia, truchas? No fui capaz de llegar a ninguna conclusión, estaba en blanco, no sabía cómo dar respuesta a una pregunta que ha marcado mi vida desde niño.

  • Tres días con Luis

    Tres días con Luis Quesada

    Me costaría mucho recordar cuándo fue la primera vez que oí el nombre de Luis Quesada, probablemente lo leyera en alguna revista de AEMS, aunque no me cuesta en cambio recordar cuándo fue la primera vez que le vi, a finales del siglo pasado en una de las cenas que por aquel entonces organizábamos llegando las navidades. Uno que en aquellas veladas compartía mesa con dos ilustres Luises, Antúnez y Quesada, no podía sentirse más afortunado, era para mí una experiencia esperada durante todo el año, tener a un lado a uno de los pioneros hispanos de la pesca con mosca moderna, y al otro a uno de sus mejores cronistas. De todos los comensales yo era habitualmente el más joven con diferencia, y cuando en todas las despedidas se oía aquello de “a ver si el año que viene pescamos juntos”, las mariposas revoloteaban de ilusión en mi estomago como si fuera lo que realmente era, un chaval al que le estaba empezando a salir la barba. Por suerte para mí, aquellos propósitos se cumplieron.

  • Yo quisiera ser como usted

    Yo quisiera ser como usted

    En mi infancia no existía la tecnología, solo la magia. Tal vez sea esta, la percepción de alguien que se crió cogiendo setas, peces y jilgueros con liga, una persona, que como tantos de mi generación, jugaban en la calles de ciudades construidas rápidas al calor del baby boom, en hordas infantiles que le sacaban partido a una lata, una goma, o una hoguera, y que llevaban una navaja encima pues vivían en una frontera, la que separa la urbe del campo con solo cruzar una calle, la raya entre el pasado y el futuro. La reina de la magia era una caja grande, con un grueso cristal convexo y un tubo trasero, colocada en un trono en el centro del salón, y a la que toda la familia adoraba. Me encantaba encender la televisión de válvulas de mi casa, me ponía delante, apretaba un botón y la luz, poco a poco ganaba a la oscuridad, y después llegaba la imagen difusa en blanco y negro, me quedaba hechizado delante de aquello, era sobrenatural.