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Río Tajuña

  • Cómo y por qué de mi equipo de pesca

    Cómo y por qué de mi equipo de pesca

    La Ley de Hlade

    El 2 de agosto de 1993, en el PRYCA que había junto al estadio José Zorrilla, compré un ejemplar del libro “La Ley de Murphy”. A las pocas horas, junto con otros compañeros de cuartel, dimos varias vueltas de campana dentro de un Opel Corsa a la entrada de Medina de Rioseco. ¿Casualidad? De entre todas las leyes, axiomas y corolarios que se encontraban impresos dentro de ese libro, hubo uno que a mí me gustó especialmente, la Ley de Hlade, que venía a decir: “Si tiene una tarea difícil, confíesela a un hombre vago, él encontrará la forma más fácil de hacerla”. Más allá de la gracieta, en esta frase se encuentra un modo de afrontar las cosas basado en buscar planteamientos lo más rectos posible a la hora de realizar trabajos, resolver problemas o, por qué no, afrontar los dilemas y obstáculos en una afición como pueda ser la pesca con mosca. Curiosamente este modo de plantear las cosas es muy cercano a un principio que está patente en la naturaleza y en la inmensa mayoría de los animales, el del esfuerzo/recompensa, y eso es algo que todos los días vemos en cuanto ponemos un pie en el río. ¿Dónde comen las mejores truchas? Casi siempre en sitios donde la comida sea abundante y no tengan que pelearse con el tiro de un gran chorro, lugares en donde les baste con un pequeño desplazamiento para engullir el alimento que porta la corriente.

  • Tres días con Luis

    Tres días con Luis Quesada

    Me costaría mucho recordar cuándo fue la primera vez que oí el nombre de Luis Quesada, probablemente lo leyera en alguna revista de AEMS, aunque no me cuesta en cambio recordar cuándo fue la primera vez que le vi, a finales del siglo pasado en una de las cenas que por aquel entonces organizábamos llegando las navidades. Uno que en aquellas veladas compartía mesa con dos ilustres Luises, Antúnez y Quesada, no podía sentirse más afortunado, era para mí una experiencia esperada durante todo el año, tener a un lado a uno de los pioneros hispanos de la pesca con mosca moderna, y al otro a uno de sus mejores cronistas. De todos los comensales yo era habitualmente el más joven con diferencia, y cuando en todas las despedidas se oía aquello de “a ver si el año que viene pescamos juntos”, las mariposas revoloteaban de ilusión en mi estomago como si fuera lo que realmente era, un chaval al que le estaba empezando a salir la barba. Por suerte para mí, aquellos propósitos se cumplieron.