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  • Diez Revistas de Pesca

    Diez revistas de pesca a mosca a tener en cuenta

    Las revistas de pesca a mosca no viven su mejor momento ¿o tal vez sí?

    Vale, lo mío con la pesca es una enfermedad que viene desde niño, lo admito, mientras que mis amigos del barrio se pasaban el día jugando al pilla pilla o a la correa encendida, a mi me daba por bajarme con una caña de cucharilla a un descampado y hacer lances a la base de los cardos. Ellos se gastaban la paga en chuches, y yo, me la guardaba para comprar la revista “Caza y Pesca”. De acuerdo doctor, tengo 10 años y soy adicto a la pesca, lo reconozco. Cuando tu padre es pescador de cebo y tú eres un niño inquieto, tienes un problema. Los tres desvencijados libros de pesca de la biblioteca pública de Guadalajara, eran junto con las revistas del ramo mi fuente de inspiración.

  • Insomnio

    Insomnio

    Yo nunca he sido de mucho madrugar, la verdad. Desde muy pequeño me gustaba irme a la cama habiendo visto el mensaje del Rey en la tele, pues era difícil que me venciera el sueño, y aun luego, ya tumbado, me pegaba un buen rato dando vueltas para un lado y para otro mientras hacía un repaso de lo que me había ocurrido aquel día y, sobre todo, especulaba cómo iba a ser el siguiente, qué aventuras iba a correr cuando llegara el alba. Y así con mi cabeza jugando a indios y vaqueros, o a piratas, Morfeo se hacía con mi voluntad. Pero había una noche al año en el que yo ganaba a aquel dios del sopor, había una noche en la que no hacía falta que mi padre me despertara, si no que más bien era al revés, había una noche en la que me levantaba varias veces a ver si todo estaba en su sitio…

  • Moscas, mentiras y vídeos de youtube

    Moscas, mentiras y vídeos de youtube

    Apenas me he dado cuenta, pero la semana pasada hizo un año que este sitio empezó a funcionar. Un proyecto que nunca jamás hubiera imaginado ninguna de las mañanas en las que durante casi toda mi vida, prendía una bola de papel para encender la fragua, aún tengo mono de carbón y martillo. Todas esas mañanas forjaba rejas, puertas, barandillas, esculturas, objetos que a golpe de martillo iban apareciendo de una humilde pieza de acero, y al compás de la música del yunque, un niño se convertía en adulto. Y entre golpe y golpe de martillo, imaginaba como iba a ser la tarde, porque aquel trabajo que tanto me gustaba, tenía otra gran recompensa; todas las tardes podía ir a pescar.