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TU VIAJE CON fotoguiarios

Visita nuestro blog en el que vas a encontrar todo tipo de historias relacionadas con la pesca a mosca, la gestión de aguas, el montaje de moscas artificiales, así como artículos de opinión o noticias de lo sucede alrededor de nuestra afición. También podrás leer artículos de nuestros invitados, algunos der ellos reconocido pescadores de mosca de España.

 

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Por mi y por todos mis compañeros

Cuando era pequeño, la noche caía, y ya estábamos de vacaciones, jugábamos al escondite apoyados contra una columna del edificio en el que vivía. Aquel poste, también era el pilar en el que se sujetaban todos nuestros sueños infantiles que no eran mucho más importantes que poder acostarnos más tarde en aquellas calurosas noches de verano, o que nos dejaran bajar solos al río a pescar y bañarnos. Había una fórmula mágica en aquel juego “por mí y por todos mis compañeros”. Con aquella letanía, liberabas del castigo a tus amigos, y les dabas una nueva vida.

Cada vez que pesco y devuelvo viva una trucha al río me dan ganas de repetir aquella frase.

Pesca sin muerte, una elección obligada

captura sueltaTendría aproximadamente la misma edad que cuando jugaba al escondite, estaba a orillas del Arroyo de La Solana y llevaba una caña Kali comprada con la paga de los domingos, de mi sedal prendía una lombriz; el hilo se tensó. En ese momento clave. Apenas hubo pelea, ya que los quince centímetros que marcaba la regla de mi chistera no podían oponer mucha resistencia a mi Tortuga del 0.28. Juro que lo intente con mucho cuidado, pero las manos se me llenaron de sangre. Sacar un anzuelo del cuatro del estomago de una trucha genera una situación irreversible para ella. Cuando la solté estaba muerta, aún así la seguí unos metros con la esperanza de que diera un aletazo, se enderezara y buscase el abrigo de alguna solapa. No paso, aquella trucha se perdió entre la corriente mientras que me mostraba el blanco de su vientre. Aunque yo no lo supiese, aquel día comencé a pescar sin muerte. Desde entonces y siempre que mi padre no me veía, soltaba todas las truchas que cogía, muchas como aquella otra volvían panza arriba al río, una técnica mortal en manos de un mal pescador les daba muy pocas oportunidades a las truchas, aun así yo lo intentaba. Tal vez por eso me sentí tan contento el primer día que solté una trucha pescando a mosca, en el Tajo ¿Dónde si no? Dejarla suavemente en su medio, abrir mis temblorosas manos y ver como salía disparada; no me lo podía creer. Aquel acto hizo de mí un niño feliz. La pesca con muerte fue el modo que aprendí de mi padre, y tal vez, fuese el hecho de pescar sin muerte la primera elección trascendente de mi vida. Llegué a ella en un momento anterior a las legislaciones que así lo han ido imponiendo y que desde aquí aplaudo, a mí por aquel entonces me costó más de una discusión con mis padres, pero sabía que era el modo, que era lo correcto. Me daba igual el argumento de “las sueltas para que se las lleve otro”, es probable, pero mi parte yo la hago, yo suelto.

Podría contar muchas historia de capturas y suelta; truchas sacadas tres veces el mismo día, otras a las que he visto crecer, discusiones a pie de río con pescadores con muerte, pero se me vienen dos a la cabeza, una por qué me gusto escucharla y otra por qué me encanto vivirla.

Una historia en el Sil

rio sil playa fluvial villadepalos El año pasado mientras que recorría ríos cámara en mano me cruce con mucha gente, pescadores y no pescadores con los que charlé tanto como pude; aquel pastor casi nonagenario con sus imponentes mastines en Valle de Finolledo, ese muchacho con ganas de aprender a orillas del Sarría, que según se quitaba el mandil de camarero se dejaba caer al río, aquel inolvidable café que para mi preparó aquella anciana que más de cuarenta años antes invirtió sus ahorros ganados en Francia para montar aquel restaurante ahora cerrado a los pies del Lor, o la historia de José con el que después de cruzarnos varios días en el río acabé pescando.

A José lo conocí a orillas del Sil. Después de vernos en la distancia en los mismos tramos, en mi última jornada en ese río charlamos durante varias horas antes de pescar juntos. El era un pescador con muerte antes de que la nueva ley de Castilla y León diese prioridad a la vida de las truchas sobre los estómagos de las personas, él fue uno de los que no colgó la caña encabronado con esta nueva norma y se adapto a los nuevos tiempos. En la misma caña telescópica con la que antes pescaba a cebo, prendió un par de ninfa y sin saber muy bien como se hacía comenzó a pescar al hilo, no tardo mucho en clavar sus primeras truchas de esta nueva era y con una sensación extraña y cumpliendo con la ley las devolvía al agua. Me contaba la rara sensación que lo invadía al principio y lo satisfecho que se sentía según iban pasando los días de pesca y las truchas que vivas volvían al agua. Meses antes y en previsión de las chisteras vacías que se avecinaban, había sacado un permiso para cruzar los Ancares, y pescar y matar unas truchas galaicas. tramo sin muerte rio tajunaComo objetivo y como no podía ser de otro modo quería hacer el cupo, pero cuando llego el momento de matar la primera trucha el desasosiego le invadió, la mato, sí, esa y otra, su padre y su madre esa noche cenarían trucha, pero el resto del cupo se quedo en el río, no fue capaz de matar más, no lo necesitaba, era uno de septiembre y esas eran las únicas truchas que había matado. Delante de mí aquella tarde saco una docena de truchas que volvían al río del modo más natural del mundo.

A mí me encanto escuchar su historia, a ratos me reconocía en ella, charlamos y cenamos hasta más allá de las doce y por supuesto cambiamos teléfonos emplazándonos a posibles visitas a los ríos del contrario. Tengo que reconocer que me sentí muy cercano a aquel pescador que acababa de conocer y que hasta unos meses antes de dedicaba a escogotar truchas.

Dos hombres y un pepino

pesca sin muerte rio tajunaEste año comencé la temporada sacando un truchón la segunda semana de pesca. No es tarea fácil sacar una trucha de ese tamaño por estas tierras, pero de vez en cuando alguna de ellas me llevo a la sacadera. El mismo día que saqué ese pez, a mi amigo Héctor 50 metros más abajo le partió una del mismo porte, la veíamos desde lo alto de un talud, era un pez impresionante puesto a seca, un espectáculo verlo, ese día les debía de tocar, a él, esa trucha no le dio más oportunidades que la primera arrancada, eso fue lo que tardó en partir el 0.21 con el que pescamos. Volvimos a pasar por aquel pozo días y días con la esperanza de que ese pez estuviera puesto, y la china le toco al bueno de Luis Quesada. Aquella tarde de primavera habíamos sacado varias truchas de tamaño normal y cuando llegamos a la altura de aquel pozo se produjo el milagro, allí estaba aquel magnífico ejemplar tomando moscas a buen ritmo. Durante un rato la observamos desde lo alto disfrutando del espectáculo, para a continuación bajar al río Luis y yo mientras Héctor miraba la jugada desde lo alto. Lleve a Luis hasta el único punto desde el que podía lanzar sin ahogarse, justo detrás de un gran tronco muerto que corta el río. Se posicionó, saco línea, posó, un metro de deriva y el pez comió, empieza el espectáculo. Según clavó Luis, yo salté el tronco sacadera en mano, pues sabíamos de la predilección de esa trucha por colarse bajo el árbol. Durante un rato y mientras el Señor Blanco sujetaba la trucha, ella y yo jugábamos al tenis, cada vez que enfilaba hacia el tronco, yo la cortaba el paso con la sacadera, hasta que al cuarto intento la bola entro. Y ahí comenzó el circo. – Héctor al agua- La trucha se coló entre el depósito de ramas como cinco metros por debajo del árbol, Héctor hacía lo posible por llegar a la parte profunda y Luis lo que podía para no caerse de su precaria posición, entre tanto yo tiraba de la línea para sujetar el pez, y así durante un rato los cuatro fuimos protagonistas de la pista central del Tajuña hasta que aquel precioso ejemplar acabo en la sacadera. Risas, alegrías, abrazos fotos, fue un rato tremendamente divertido que nos lleno con creces para toda la jornada.

Varias semanas más tarde y mientras buscaba fotos para este blog me di cuenta de un detalle y levante el teléfono – Luis, era la misma trucha- La verdad es que a mí me costaba creer aquello y más si tenemos en cuenta que el día que él la saco, en la misma postura en la que yo la clave había otra trucha del mismo porte, pero no cabía duda, la comparación de las pintas de una y otra foto daban un único resultado, un único pez. Toda la vida pensando que los grandes ejemplares mantenían la posición y en un momento nos dimos cuenta de que varias truchas de gran tamaño se cambiaban el puesto sin aparentes problemas en un tramo de unos cincuenta metros de río.

Y todo esto fue posible gracias a la captura y suelta, tal vez yo no fuera el primero que pescaba aquel gran ejemplar, tal vez hace años cuando apenas era una trucha palmera alguien le permitiera continuar su ciclo vital, puede que alguien me permitiera a mi poder tener entre las manos ese precioso ejemplar. Nosotros los pescadores tenemos la gran suerte de poder elegir entre la vida y la muerte de nuestras capturas, están en nuestras manos y yo lo tengo muy claro, las hundo en el agua las abro y disfruto mientas veo como se aleja esa trucha mientras me cito con ella para dentro de un año.

Ya lo dijo Lee Wulff hace muchos años "Un pez salvaje es algo demasiado valioso para ser pescado una sola vez". Amén.

 

Jesús Carmona “Calambres”, cofundador y director técnico de www.fotoguiarios.com.

Tags: pesca mosca, Opinión, Amigos, C&S