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TU VIAJE CON fotoguiarios

Visita nuestro blog en el que vas a encontrar todo tipo de historias relacionadas con la pesca a mosca, la gestión de aguas, el montaje de moscas artificiales, así como artículos de opinión o noticias de lo sucede alrededor de nuestra afición. También podrás leer artículos de nuestros invitados, algunos der ellos reconocido pescadores de mosca de España.

 

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Cómo y por qué de mi equipo de pesca

La Ley de Hlade

El 2 de agosto de 1993, en el PRYCA que había junto al estadio José Zorrilla, compré un ejemplar del libro “La Ley de Murphy”. A las pocas horas, junto con otros compañeros de cuartel, dimos varias vueltas de campana dentro de un Opel Corsa a la entrada de Medina de Rioseco. ¿Casualidad? De entre todas las leyes, axiomas y corolarios que se encontraban impresos dentro de ese libro, hubo uno que a mí me gustó especialmente, la Ley de Hlade, que venía a decir: “Si tiene una tarea difícil, confíesela a un hombre vago, él encontrará la forma más fácil de hacerla”. Más allá de la gracieta, en esta frase se encuentra un modo de afrontar las cosas basado en buscar planteamientos lo más rectos posible a la hora de realizar trabajos, resolver problemas o, por qué no, afrontar los dilemas y obstáculos en una afición como pueda ser la pesca con mosca. Curiosamente este modo de plantear las cosas es muy cercano a un principio que está patente en la naturaleza y en la inmensa mayoría de los animales, el del esfuerzo/recompensa, y eso es algo que todos los días vemos en cuanto ponemos un pie en el río. ¿Dónde comen las mejores truchas? Casi siempre en sitios donde la comida sea abundante y no tengan que pelearse con el tiro de un gran chorro, lugares en donde les baste con un pequeño desplazamiento para engullir el alimento que porta la corriente.

La Ley de Hlade

rio dulce coto aragosa guadalajaraDespués de llevar en esto de la pesca con mosca tres cuartas partes de mi vida, empiezo a considerar que tengo un estilo propio. ¡Ojo!, no exclusivo, que nada tiene que ver una cosa con la otra. He intentado ir cogiendo lo más interesante de todos aquellos que me he cruzado por el río, prensa, internet y, sobre todo, lo que me han enseñado las truchas para hacer un refrito adaptado a mis capacidades. Desde que me eché al Bornoba a finales de los ochenta hasta hoy, mi modo de afrontar los ríos, las jornadas, las truchas, los equipos, las moscas, todo, ha cambiado, y esa mutación se basa en la experiencia acumulada, en muchas horas pasadas probando esta mosca que monté ayer para ti pequeña centella con pintas rojas, en los ratos intentando meter la mosca debajo de aquellas ramas en las que te cebas, o en los cigarros fumados observando a ese tío que jamás había visto en el río, pero que pesca tan bien. Todo es diferente, y probablemente no sea ni mejor ni peor, pero yo he conseguido estar más cómodo en el río, lo cual, en último termino, es lo primero que busco cuando salgo de casa.

Cómo y por qué

doble collera liebre A la hora de pescar yo también me rijo por el esfuerzo/recompensa. Intentando dejar el romanticismo a un lado, procuro buscar la sencillez y la polivalencia en mi equipo, y probablemente donde más se aprecia eso es en mis moscas y en los bajos de línea. Cada año que pasa mis moscas son más sencillas, más feas, cuido menos el detalle, y no me complico la vida en montajes impresionantes que dan muy bien en las fotos pero que a la hora de pescar no suponen un hecho diferencial con otros en los que se invierte menos tiempo. ¿Saco menos peces que antes? No. Después de haber aderezado con pluma y pelo miles de anzuelos, tengo claro que las truchas no son capaces de distinguir detalles como unas alas en V, ni tienen un pantone de colores para diferenciar el tono exacto de Gütermann que utilizamos. De ser así yo no sacaría una trucha y sería el rey de los rechazos. A pesar de esto de vez en cuando me da la ventolera y hago montajes más clásicos, normalmente para recordarme a mí mismo cómo eran las moscas que hacía hace 25 años. Pero luego, una vez en el río, casi nunca las pongo y acabo utilizando esos pelufros que hago y que parecen una gallina ‘matá’ a escobazos.

carrete pesca mosca linea 4Un día del año 2000, en el coto de Aragosa, un novato que apenas llevaba dos años pescando me dio un repaso que todavía me escuece. ¿Las moscas? Imposible, pescaba con la mías. Entonces, ¿qué era lo que hacía que él pescara y yo no? Sencillo, a él le llegaba la mosca al agua; a mí, en la mayoría de las ocasiones, no. Más por chapuzas que por conocimiento, mi amigo llevaba una cola de rata cónica de unos 9 o 10 pies hecha polvo, pues de serie venía a 12, y yo, supuestamente el que sabía, me planté allí con un bajo de seda natural de unos dos metros más otro de nudos que añadía tres metros al asunto. Esa combinación y un viento fuerte hicieron de mí el amo de las posadas en las espadañas, señor de las ramas y las zarzas, el torpe mayor del reino. Aquella fue la última vez que utilicé un bajo de seda. Nunca mi línea ha acabado en nada que pose tan bien como una cola de rata de seda más un bajo de nudos. Ver caer una mosca en una tabla del Tajo podía llegar a ser algo poético cuando utilizaba estos aparejos, tengo que reconocer que había magia, pero también un gran enemigo, el viento. Con este bajo, la más leve brisa que sople se hace propietaria de tu lance y tu mosca, y ya puedes intentar corregir, que no vas a conseguir nada. En un río grande, no hay problema, sencillamente la mosca no va donde quieres, ya está. En uno pequeño, no ganas para montar bajos y moscas. Al día siguiente de aquella experiencia me fui a por una cola de rata cónica, 12 pies, eso sí, para acabar montado un aparejo en el que prácticamente el bajo de línea entraba dentro del carrete pescando yo con una 9 pies. En el cambio perdí algo de suavidad en la posada, no mucho. Por aquel entonces yo ya había comenzado a meterme en los agujeros del Tajuña y el Henares, esquivando en lo posible a los pescadores de cebo y cucharilla que en aquella época en estos ríos eran legión. Ni que decir tiene que el cambio supuso que perdiera menos moscas. Pero lo que más me aportó llevar un bajo cónico fue la capacidad para hacer lances rodados, ahí sí que hubo una gran diferencia, e hizo que dedicara más tiempo a tramos en los que antes apenas me podía manejar. Aun así era un bajo muy largo, y en un segundo carrete empecé a montar una cónica de 9 pies a la que le metía como otros 60 cm, bajos que rara vez pasaban de los 11 pies, y la formula funciono. Bucles más cerrados y líneas que comenzaban a trabajar antes, a lo que había que añadir que el calibre de los hilos en este viaje también había ido subiendo, marcaron claramente un antes y un después en mi modo y mis resultados a la hora de pescar. Y llegó otra pregunta: ¿qué sentido tiene utilizar en un río un bajo de 16 pies y en otro uno de 10, cuando con el segundo obtengo buenos resultados? Y ahí llego el último de los cambios, me deje de zarandajas y comencé a pescar con bajos más cortos en todos los sitios, entorno a once pies, y los resultados no fueron peores, más bien al revés. Mis moscan ganaron precisión en los lances complicados y no perdieron eficacia en los grandes ríos, de modo que al final, y siguiendo los preceptos que el bueno de Hlade plasmaba en su ley, simplifique mi equipo, fui a lo fácil. Tengo tres líneas montadas igual, cola de rata Máxima del 2X a la que añado una hijuela de unos 60 cm de 3x. Eso es lo que llevo independientemente del tramo que pesque, sea en el Tajuña, el Esla, el Ucero o el Miño, y puedo poner cualquiera de mis carretes y pescar indistintamente en cada una de mis cañas, pues en todos llevo una línea 4, y todas las cañas que tengo en la actualidad son para líneas 3 o 4.

colas de rata nylonRespecto a los carretes no tengo mucho que decir. Por este orden, son cuatro las premisas que manejo a la hora de adquirir uno: peso, precio, freno y estética. No voy a negar que me gustaría tener un Loop Opti, me parece una verdadera joya, pero sinceramente no me sobran 500 euros, y no funciona mucho mejor que el Daiwa que llevo habitualmente. De las cañas que utilizo ya hablé con anterioridad en esta otra entrada del blog, pero a grandes rasgos utilizo un criterio muy parecido al de los carretes, añadiendo evidentemente los factores longitud y acción. Pero sí hay otras dos variantes a las que en ocasiones no se les da la importancia necesaria y que son un clásico de mi equipo, mis hilos y anzuelos. Para no alargarnos más daré una breve pincelada sobre ellos. Hilos “gordos”, anzuelos fuertes, una cosa lleva a la otra. En ocasiones, cuando hablo del tema con otros pescadores, hay quien me dice: “A mí la marca tal de anzuelos me funciona muy bien”. Seguro, no lo dudo, lo que tendría que ver es cómo trabajan cuando en vez de estar atados a un 0.10 lo están a un 0.20 y cuando el río es pequeño y te obliga a sujetar al pez en cuanto que pasa los 35 cm, ya que en muchos lugares en los que yo pesco no puedo correr detrás de una trucha durante 50 metros. Si consigo hacerlo durante 10 ya es un logro. Esto hace que me vea obligado a forzar mucho tanto hilo como anzuelo y es por eso que busco fortaleza tanto en los unos como en el otro. Esa garantía a fecha de hoy solo la he encontrado en una marca en concreto. Para saber si una mosca es mía basta mirar el anzuelo. Si es Tiemco de cualquier serie de los dorados, vamos bien.

Sin entrar mucho en más especificaciones, este es a grandes rasgos el modo en el que yo monto mis equipos de truchas a seca, teniendo muy claro lo que busco y lo que quiero hacer, pero cualquiera antes de acercarse al río tiene que buscar cuál es su motivación. ¿Sacar muchos peces? ¿Pasar el día? ¿La competición? ¿Pescar grandes truchas? Todas igual de válidas y respetables, pero te van a exigir cosas y equipos diferentes. ¿Tú tienes claro cuál es la tuya?

 

Jesús Carmona “Calambres”, cofundador y director técnico de www.fotoguiarios.com.

Tags: cañas mosca, arroyos, ríos pequeños, Río Tajuña, Equipo pesca mosca