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Visita nuestro blog en el que vas a encontrar todo tipo de historias relacionadas con la pesca a mosca, la gestión de aguas, el montaje de moscas artificiales, así como artículos de opinión o noticias de lo sucede alrededor de nuestra afición. También podrás leer artículos de nuestros invitados, algunos der ellos reconocido pescadores de mosca de España.

 

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Por qué pesco con mosca

Uno nunca sabe cuáles son las preguntas más importantes en su vida, y mucho menos las respuestas. Por eso, cuando Juan Antonio me preguntó por qué pescaba con mosca, no le supe contestar.

Ya en casa y con más tiempo, me puse a pensar sobre esa cuestión. ¿Qué hace que gran parte del tiempo que estoy despierto la pase pensando en ríos, truchas y moscas, recordando lances, haciendo un recorrido mental por cada uno de los rincones del río, ésos en los que un no pescador simplemente vería agua y en los que nosotros, los pescadores de mosca, descubrimos palos, piedras, ramas, corrientes y, en última instancia, truchas? No fui capaz de llegar a ninguna conclusión, estaba en blanco, no sabía cómo dar respuesta a una pregunta que ha marcado mi vida desde niño.

pesca mosca rio guadalopeYa pasados los días, y después de darle muchas vueltas, encontré un modo de poder contestar a Juan Antonio, y para eso tuve que cambiar la pregunta por esta otra: ¿Qué ocurriría ahora mismo en mi vida si por algún motivo de salud tuviera que dejar de pescar por el resto de los días? Y entonces, sí, algo cambió. El desasosiego se apodero de mi. La sola idea de no volver a pisar un río desató una avenida de sensaciones e ideas que se agolpaban por salir como si hubieran sacado el tapón de una bañera.

lozoya7Lo primero que se me vino a la cabeza fueron los colores, pero los colores en el orden natural de un pescador cambiando según avanzaba la temporada. Al principio en marzo fueron las ramas de las sargas granates y desnudas aun antes de que comience a calentar el sol y asome el verde naciente en sus hojas. Luego explotaban las flores y las márgenes se convertían en una carta de colores. Amarillos, morados y blancos poblaban prados y laderas, y cada vez que el aire las agitaba descargaban para mí una amalgama de fragarias que a veces son tan intensas que sería capaz de identificar ese río sólo con olerlo. Luego veía cómo caía fuego del cielo y los verdes de los pastos se teñían de dorados, y me llegaba también el olor de un rebaño de ovejas desnudas a la sombra de un chopo, escapando del infierno que había en la luz. Mientras, para refrescarme, acercaba la mano al agua y también descubría los matices de sus tonos azules y verdes que venían hacia mí, y vi perfectamente el reflejo de mi cara al acercar la boca al agua para saciar mi sed, agua fresca y pura que sabía a río. Y al levantar mi cabeza sentí cómo unas gotas comenzaban a mojar mi frente, esa lluvia fina que acompaña a las hojas de los chopos ya amarillas en su caída, y la niebla se pegaba con los pinos para no perderse entre las nubes y seguir segura agarrada a la montaña, y entonces por el aire llegaba hasta mis oídos el chocar de las astas y el bramar de las gargantas ávidas de deseo que marcaban el final de la temporada como el timbre del patio anunciaba el final del recreo.

AmarillosEntonces me di cuenta de que aún no había clavado ninguna trucha. Sin prisa saqué un cigarro y lo encendí, estaba solo en aquella tabla que tanto me gusta, viendo la cortina verde amarilla que formaba el sol de otoño al atravesar las espadañas de octubre. Entonces se cebó, imperceptible a los ojos de un humano pero no de un pescador. A diez metros de mí tenía cuarenta centímetros de trucha comiendo relajada las últimas hormigas de la temporada. Ansioso pero tranquilo cambié la mosca, imitación de hormiga, de las de Paco, de esas que tienen el abdomen un poco anaranjado en un 16. Apagué el cigarro y, como siempre, metí el filtro en alguno de los muchos bolsillos que tenemos en el chaleco, asenté bien los pies y saqué del carrete la línea suficiente para llegar hasta ella. Abaniqué la caña y durante unos segundos la línea cortó el aire del Alto Tajo mientras la caña marcaba mi hora. Lo más importante de mi vida ha ocurrido entre las once y la una al ritmo que marca una caña de mosca. Posé suavemente un metro por delante de la trucha, que se elevó despacio hasta engullir la mosca. Clavada y pelea, agua salpicando, manos rápidas recogiendo la línea para que no se enrede; la acerqué hasta mí y con un movimiento natural, por repetido, entró dentro de mi sacadera… pescadores orillas jarama primaveraY entonces os oí, estabais todos: tú, Roberto, Luis, Antonio, hasta Paco había vuelto del infierno un rato para compartir ese momento conmigo, y nos reíamos y nos vacilamos y ya pensábamos en los torreznos de mi madre, o en la discusión con la parienta cuando llegásemos a casa, o en lo rico que estaba el café de Carlos. Y entonces me di cuenta de qué era lo que me movía a ir al río, ese lugar en el que cumplo mis condenas personales pero en el que jamás me he sentido preso sino todo lo contrario, libre y acompañado de todos los que me importan.

Al final llegue a la conclusión de que para mí la pesca es la terapia que me permite levantarme por las mañanas con ganas de vivir, con ganas de que llegue ese momento de montarme en el coche y volver a ser libre.

trucha tajo saltamontesLas novias pasan, los mayores se despiden de nosotros dejándonos sus recuerdos, los hijos son una incógnita, pero las truchas están ahí esperando a que me acerque a su casa para ver a quién le toca hoy ser el más listo de los dos. Algunos días gano yo.

 

Jesús Carmona “Calambres”, cofundador y director técnico de www.fotoguiarios.com.

Tags: pesca mosca truchas, Opinión, Amigos